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6. CONSEJOS ÚTILES AL LECTOR 1. Como es obvio, los adheridos al M.S.M., deben aceptar, en primer lugar, todo el patrimonio de la Revelación, a la luz del Magisterio oficial.
En cambio, quedan en libertad de acoger o de no dar importancia, o de rechazar escritos y sucesos que suelen llamarse genéricamente "revelaciones privadas". 1.1. La credulidad infantil, que no examina a la persona o el hecho para verificar su credibilidad en el plano humano, antes de hacerlo en el sobrenatural. Los instrumentos de Dios, aún en su pequeñez y pobreza, presentan siempre una nota de dignidad y de pureza, y no les faltan las señales del Espíritu Santo que acompañan a los verdaderos apóstoles. 1.2. La superficialidad orgullosa, que rechaza o combate directamente lo que podría ser obra de Dios. Se olvida en concreto lo que se respeta en abstracto: la perfecta libertad de Dios y de todo el Paraíso para comunicarse con nosotros, que aún peregrinamos en la tierra. 2. Al leer este Diario, que para muchos sacerdotes, ya se ha convertido en un libro de reflexión cotidiana, conviene tomar cada una de sus expresiones con discernimiento, o sea, en el buen sentido que se deduce de todo el conjunto. 3. Otro consejo es aceptar el carácter de este libro como un pequeño instrumento. La Virgen lo quiere así, según el estilo de la Providencia que, como enseña San Pablo, elige lo que es débil y pobre, según el mundo, para confundir la ciencia terrenal y el poder diabólico. 4. Ya que el aire viciado que respiramos y la astucia del Demonio pueden jugarnos malas partidas, no debemos detenernos ante las apariencias, a veces suaves, del estilo del libro. Los Sacerdotes que se han acostumbrado a la acción educadora de María, atestiguan que Ella procede con dulzura, pero también con firmeza. Por algo el Padre Eterno le había confiado a su Hijo Unigénito, para que lo engendrara en la naturaleza humana y lo educara para el Calvario. Si la Virgen nos trata con manera suave, es porque nos ama como una madre y es para extendernos, luego, sin que nos rebelemos, sobre el leño de la Cruz, transformándonos en copias semejantes a Jesús crucificado. ¡Cosa bien distinta del sentimentalismo!. 5.
También las numerosas referencias a los malos tiempos que vivimos y el doloroso futuro que nos aguarda, deben ser siempre interpretados en su justa perspectiva, que es la indicada por la Sagrada Escritura.
Cuántas veces y de cuántas maneras amenazó el Señor con castigos a su pueblo, en realidad con el propósito de traerlo al camino de la conversión y del retorno a Él. Tómense como ejemplo la predicación del profeta Jonás, enviado por Dios para anunciar la destrucción de la ciudad de Nínive.
Muchos se han quedado perplejos ante el carácter profético que revisten algunos mensajes. Se han preguntado: ¿Es acaso cierto lo que está escrito?.
¿Sucederá todo lo que se predijo?. Y si no llegara a suceder, ¿Qué credibilidad pueden merecer todavía las palabras del mensaje?.
(6) Es necesario tener una sólida madurez evangélica que impida, ya sea, el desprecio o la infravaloración apriorística de un libro como este, ya sea, su sobrevaloración.
En otras palabras, ella dará la medida justa de respeto hacia una experiencia que se supone transmite un mensaje, y a la libertad interior con que debe ser recibido el mensaje.
La convicción de que ninguna palabra y ningún mensaje son la Palabra, y la conciencia de que en fenómenos como las locuciones puede mezclarse una parte considerable de elemento humano y subjetivo, no debe, por principio, hacerlos radicalmente sospechosos.
Es necesario mirar y evaluar, y -como decía San Pablo- quedarse con lo bueno que encontramos y podemos sacar de ello. 7. Esta invitación a una fe ingenua y sin prejuicios en nuestras relaciones con la Madre de Cristo y de la Iglesia, traza una especie de línea de fuerza para orientar según la misma un estilo de vida y de personalidad cristiana. 8.
Finalmente, un último consejo para quien se acerca a la lectura de este libro.
Préstese más atención a su contenido que a la forma y tómese en la mano, no con prevención, sino con humildad y sencillez de corazón.
Léase sin presunción y sin avidez.
Vuélvase a meditar con calma y con amor.
Pásese, después, a verificarlo en la vida de cada día, haciendo personal experiencia de todo lo que la Virgen pide y promete. |
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