1. ¿Qué es?

2. Origen

3. Difusión

1. ¿QUÉ ES?

El M.S.M. es una pequeña semilla plantada por la Virgen en el jardín de la Iglesia. Muy pronto se ha hecho un gran árbol, que ha extendido sus ramas por todas partes del mundo.

Es una Obra de amor que el Corazón Inmaculado de María hace surgir hoy en la Iglesia, para ayudar a todos sus hijos a vivir con confianza y filial esperanza, los momentos dolorosos de la purificación.

En estos tiempos de graves peligros, la Madre de Dios y de la Iglesia se mueve, sin descanso ni vacilaciones para ayudar sobre todo a los Sacerdotes, que son los hijos de su maternal predilección.

En esta Obra, como es natural, se utilizan instrumentos, y, de modo particular, ha sido escogido don Esteban Gobbi.

¿ Por qué? En una página del libro se da esta explicación: "Te he elegido a ti, porque eres el instrumento menos apto; así nadie dirá que ésta es obra tuya. El movimiento Sacerdotal Mariano debe ser sólo Obra mía. A través de tu debilidad, manifestaré Yo mi fuerza; a través de tu nulidad manifestaré Yo mi poder" (16 de julio, 1973).

Por tanto, el M.S.M. no es una asociación, por muy laudable que sea, con sus estatutos y dirigentes, promovida por algún sacerdote o alma fervorosa, sino que es "un espíritu", como lo ha felizmente intuido el Santo Padre Juan Pablo II. Es algo impalpable, pero no obstante fuerte y vivo, como son los dones de Dios, y tiene como objetivo principal vivir la consagración al Corazón Inmaculado de María.

Para los Sacerdotes el consagrarse a María significa tomar mayor conciencia de su propia consagración hecha a Dios en el día del Santo Bautismo y el de la Ordenación sacerdotal.

El M.S.M. se hace realidad, no en las cifras, ni en la resonancia de los nombres, ni en la eficacia de la organización, sino en la medida en que escuchamos a la Virgen y secundamos la obra del Espíritu Santo, para alabanza de la Santísima Trinidad.

Pertenece al espíritu del Movimiento quien, inscrito o no, se consagra al Corazón Inmaculado de María y, procurando vivir coherentemente, y obrando en obediencia y para el bien de la Iglesia, ayuda también a los fieles a vivir su consagración a la Virgen.

Es un Movimiento que acoge a todos los Sacerdotes, diocesanos y religiosos, sin distinción de edades ni cargos. Se inscriben en él tanto Sacerdotes serenos y ardientes de celo, como los amargados por experiencias negativas, personales o de apostolado.
El Corazón de la Virgen está abierto a todos sus hijos; sus brazos reúnen y unen entre sí a los Sacerdotes sin clasificaciones ni particularismos.

La elección de predilección no es por parte de la Virgen, que se dirige directamente a todos: "Cuanto te comunico a ti, hijo, no te pertenece, sino que es para todos mis hijos sacerdotes, a los que Yo amo con predilección" (29 agosto, 1973).

La elección se realiza por parte de quienes aceptan de buena gana la invitación maternal.

Quien lo desee, puede a través de esta web:

O bien, puede dirigirse al Responsable Nacional o al Responsable Local (disponible aquí sólo para España). Si éstos no existieran aún dirija su solicitud por escrito al:

MOVIMIENTO SACERDOTAL MARIANO
Via Mercalli, 23
20122 Milano, Italia

Pero la solicitud de adhesión de nada serviría, si faltara la adhesión interior y, más aún, la voluntad constante de vivir y hacer vivir la consagración a la Virgen.

Es bueno recordar aquí que la Virgen se dirige, no solamente a los inscritos en el M.S.M., cuando habla de sus hijos predilectos, sino también a todos aquellos Obispos y Sacerdotes que se han confiado a Ella y se esfuerzan por vivir como sus hijos a Ella consagrados.

El compromiso de una total consagración al Corazón Inmaculado de María da a los Sacerdotes un profundo sentido de confianza y de serenidad. El hecho de creer, en circunstancias concretas, que la Virgen está siempre a nuestro lado con el ansia de ayudarnos, como y mejor que lo que haría cualquier madre, nos da una gran sensación de seguridad, aún en medio de los sufrimientos personales y de las incertidumbres de los días que vivimos.

Se llega así a la médula del mensaje evangélico, o sea, a la fe en la Providencia de Dios, que nos lleva a acoger cualquier circunstancia de la vida con la filial confianza de los pequeños, que se abandonan completamente a su amor de Padre.

Asi, el pasado se confía a la infinita misericordia del Corazón de Jesús; el futuro se espera como un don de la Providencia, que nos llegará a través de las manos de la Medianera de todas las gracias; y el presente se vive con gozoso empeño, como niños que juegan, o que trabajan, bajo la mirada de la Madre.

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